Canción para un niño en la calle
Esta hora exactamente,
Hay un niño en la calle….
¡Hay un niño en la calle!
Es honra de los hombres proteger lo que crece,
Cuidar que no haya infancia dispersa por las calles,
Evitar que naufrague su corazón de barco,
Su increíble aventura de pan y chocolate
Poniéndole una estrella en el sitio del hambre.
De otro modo es inútil, de otro modo es absurdo
Ensayar en la tierra la alegría y el canto,
Porque de nada vale si hay un niño en la calle.
Todo lo toxico de mi país a mi me entra por la nariz
Lavo autos, limpio zapatos, huelo pega y también huelo paco
Robo billeteras pero soy buena gente soy una sonrisa sin dientes
Lluvia sin techo, uña con tierra, soy lo que sobro de la guerra
Un estomago vacío, soy un golpe en la rodilla que se cura con el frío
El mejor guía turístico del arrabal por tres pesos te paseo por la capital
No necesito visa pa volar por el redondel porque yo juego con aviones de papel
Arroz con piedra, fango con vino, y lo que me falta me lo imagino.
No debe andar el mundo con el amor descalzo
Enarbolando un diario como un ala en la mano
Trepándose a los trenes, canjeándonos la risa,
Golpeándonos el pecho con un ala cansada.
No debe andar la vida, recién nacida, a precio,
La niñez arriesgada a una estrecha ganancia
Porque entonces las manos son inútiles fardos
Y el corazón, apenas, una mala palabra.
Cuando cae la noche duermo despierto, un ojo cerrado y el otro abierto
Por si los tigres me escupen un balazo mi vida es como un circo pero sin payaso
Voy caminando por la zanja haciendo malabares con 5 naranjas
Pidiendo plata a todos los que pueda en una bicicleta en una sola rueda
Soy oxigeno para este continente, soy lo que descuido el presidente
No te asustes si tengo mal aliento, si me ves sin camisa con las tetillas al viento
Yo soy un elemento mas del paisaje los residuos de la calle son mi camuflaje
Como algo que existe que parece de mentira, algo sin vida pero que respira.
Pobre del que ha olvidado que hay un niño en la calle,
Que hay millones de niños que viven en la calle
Y multitud de niños que crecen en la calle.
Yo los veo apretando su corazón pequeño,
Mirándonos a todas con fábula en los ojos.
Un relámpago trunco les cruza la mirada,
Porque nadie protege esa vida que crece
Y el amor se ha perdido, como un niño en la calle.
Oye a esta hora exactamente hay un niño en la calle
Hay un niño en la calle.
Quiero, pero no puedo

Cambiemos el Mundo, No alteremos el Clima
El texto final de la Cumbre de Copenhague sobre el cambio climático, fue el epilogo natural de un escenario contradictorio, por un lado discursos apocalípticos y pragmáticos, como el de Obama que señalaba que llegaba para actuar y no para hablar, el texto se reduce a un “Quiero, pero no puedo”
La mayoría de asistentes, reconocieron de manera pública la difícil situación del planeta pero ninguno fue capaz de lograr plasmar en compromisos sus visiones del fin del mundo.
Copenhague fue un fracaso, y así debe recogerlo la historia.
Se ha retrocedido en lo alcanzado en Kyoto, hoy no hay compromiso o mecanismo para verificar las emisiones de gas invernadero de los países industrializados o en vías de industrialización, lo cual es un peligro claro. China impuso su exigencia de no firmar mientras no se retire del documento las inspecciones. Los dos únicos acuerdos alcanzados durante estos 12 días de cumbre se refieren al valor acumulado económico para sufragar a los países pobres y el compromiso de mantener el termómetro climático por debajo de los dos grados centígrados para evitar “una interferencia peligrosa” con el clima. Lo cual se ve lejano, cuando no se definen los mecanismos para ello.
Kyoto, caduca en el 2013, lo oportuno era alcanzar un nuevo tratado, que lo sustituyera y Copenhague era el sitio ideal para ello, pero no ocurrió. › Continúe leyendo…
HIBERNAR, NO APAGAR
A propósito de la cumbre de Copenhague, que es la 15 reunión anual para encontrar una salida mundial al problema del cambio climático, llegó la hora de hablar menos y hacer mas; no podemos esperar solamente a que las decisiones de las grandes potencias provoquen cambios, sino también que nuestras acciones diarias contribuyan a marcar la diferencia.
Así de grave esta la situación, que cualquier cambio en nuestro repetitivo ciclo de vida, puede redundar en beneficio o detrimento del entorno cercano y global y en última instancia del clima.
Por ejemplo el uso que le damos al ordenador, que dicho de paso es ya hoy una herramienta de trabajo y no falta en oficinas del sector tanto público como privado. Que podemos cambiar en ese uso que contribuya a un mundo más eficiente en el gasto energético?

La Hibernación es proceso conocido en la naturaleza
Supongamos que, estamos trabajando en un ordenador , en el procesador de textos, hoja electrónica, etc… y de repente llega la hora de cambiar de lugar o de salir del trabajo. Cerramos la portátil o la PC y nos marchamos. Y cuando retornamos y abrimos la tapa de la portátil o movemos una tecla en el ordenador, todo sigue ahí: cada pestaña del navegador, cada documento abierto. Parece algo fantástico, y lo es, en muchos aspectos. Eso es posible actualmente. › Continúe leyendo…
Porque todavía no me compre un DVD
Autor : Marciano Durán

El consumismo
Hay una polémica en algunos blogs, por que se le atribuyó a Eduardo Galeano la autoria de este artículo, sin embargo de buenas fuentes se sabe hoy en día que corresponde a Marciano Durán, esto lo aclaró para no ahondar más en el tema, y lo reproduzco entre comillas. Aunque da vueltas por la red desde 2007, su vigencia esta integra por ello lo reproduzco ahora, tan cercana que esta la fecha de la navidad, que muchos aprovechan para darle sólo un sentido tremendamente consumista.
“Lo que me pasa es que no consigo andar por el mundo tirando cosas y cambiándolas por el modelo siguiente sólo porque a alguien se le ocurre agregarle una función o achicarlo un poco.
No hace tanto con mi mujer lavábamos los pañales de los críos. Los colgábamos en la cuerda junto a otra ropita; los planchábamos, los doblábamos y los preparábamos para que los volvieran a ensuciar. Y ellos, nuestros nenes, apenas crecieron y tuvieron sus propios hijos se encargaron de tirar todo por la borda (incluyendo los pañales). ¡Se entregaron inescrupulosamente a los desechables!
Si, ya lo sé. A nuestra generación siempre le costó tirar. ¡Ni los desechos nos resultaron muy desechables! Y así anduvimos por las calles guardando los mocos en el bolsillo y las grasas en los repasadores. Y nuestras hermanas y novias se las arreglaban como podían con algodones para enfrentar mes a mes su fertilidad. › Continúe leyendo…
